miércoles, 9 de enero de 2013

De montañas rusas y Jaimitos.

"Préstame un poco de barba para mi pelona, cabrón", me saludó Jaime, un viejo amigo mi papá. Solo me reí, es que sí lo necesita, el señor ya está viejillo y está quedando calvo.

Cada vez que papá o mamá hacían referencia a ese popular dicho que reza: "la vida es como una montaña rusa, a veces estás arriba; otras veces, estás abajo y te lleva la chingada", inevitablemente mencionan a Jaimito. Y es que sí es un buen ejemplo. El señor era empleado federal de aeropuerto de Cancún, ganaba muy bien, tenia una familia que lo quería mucho y un futuro prometedor. También era alcohólico. Las cosas empezaron a ir mal cuando perdió el trabajo y los pocos pesos que tenía les ponía vodka, hielo y se los tomaba. Eventualmente, su familia lo dejó. Ahora es taxista, compró una camioneta y lleva gente de un pueblo a otro. La camioneta también está vieja y calva, tiene muchos detalles y le quita mucho dinero. El alcoholismo, además de dejarlo sin familia ya lo dejó cojo. No sé bien qué le pasó en el pie, pero cojea. 

¿En qué estaba? Ah, claro. Está pelón y yo hace casi un mes que no me afeito. 

Vino a visitar a mi papá, que es de los pocos amigos que aún tiene. Me preguntó por la escuela, por el trabajo, que cuándo voy a ver a mi novia de nuevo. Casual. 

Jaime puede estar muy jodido, pero no deja de ser gracioso ni deja de sonreír por la vida. Es consciente de sus errores y que arrastra el peso de sus pecados. Los acepta. Son suyos, así como lo son sus circunstancias. 

Compartimos un refresco, una torta de carne, reímos y se despidió. 

Se ve feliz, tranquilo y en paz. Mi papá dice que hace muchos años que no lo veía así. 

Yo me pregunto en qué parte de la montaña rusa estará.

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