Estaba bien dispuesto a dormir y
entonces me di cuenta de que había dejado mi laptop encendida. Eran como las
10:45 de la noche. Ya sé, seguro pensarás que qué pinche abuelo que me ando
durmiendo temprano pero bueno, eso lo platicamos otro día… Te decía, lector,
que estaba encendida la laptop. La abrí para apagarla y vi que la última página
abierta era mi bandeja de correos enviados y me di cuenta de que había dejado
uno sin enviar. Lo terminé y lo envié. Y entonces…
Recordé algunos pendientes del
trabajo, correos por enviar, llamadas por hacer, gente a quien joder; lo normal.
Repasé mentalmente lo que haré mañana, ordenándolos por prioridades. Esto de
las prioridades es una cosa graciosa porque rara vez se respetan. Pobrecitas.
Pensé que debería escribir esas prioridades para no faltarles al respeto
haciendo la número 4 antes que la 2. Y entonces…
Escribir. Letras. Teclado.
Teclas. Tetas. No. No. Escribir. Sí. Twitter. Blog. Así llegué a acá. Y de
manera indirecta, también tú, que estás leyendo esto. Hacía ya mucho que no
escribía algo para mi blog y pensé que no era tan tarde como para hacerlo.
Estoy escribiendo esto y el reloj marca la 1:10 am. En realidad, siendo justos,
es bastante temprano. ¡Sí lo es aunque me leas con esa cara! Espera, no escribí
mis prioridades para mañana…. Casi las olvidaba. ¿Ahora entiendes? Y entonces…
Recordé qué les quería platicar
desde hace algún tiempo. Estoy feliz. Sí, así sin exclamaciones ni mayúsculas ni
negritas ni comas ni nada. Siempre he
pensado que la palabra en sí, feliz, ya lo representa y que cualquier otro
signo sería redundante. Estoy feliz. Tengo al amor conmigo, hablándome siempre,
compartiéndome todo y amándome. Sobre todo eso último. Tengo tiempo para leer y
para aprender guitarra viendo tutoriales en Youtube. Faltan algunas cosas en mi
vida pero sé que solo es cuestión de tiempo para que el tablero se acomode y la
vida, esa maldita, haga su siguiente jugada, y entonces me tocará responder. Y entonces…
Recordé esa canción. Porque si en
algo tiene razón Alex Lora, es que “la vida es como un juego de ajedrez, solo le
tienes que hacer jaque al rey. Pero es difícil, difícil la primera vez”. Hace
unos veinte años (coño, ya estamos viejos), mi papá me enseñaba a jugar ajedrez
y me dijo que el secreto es pensar diez movimientos adelante de la jugada
actual. Y ahí está el secreto de la longevidad: planeación. Seguro estarás
pensando en esa frase que dice que Dios se ríe de los planes pero, coño, hay
que probar. Y entonces…
Ya me voy a dormir.