lunes, 23 de diciembre de 2013

Nos vemos en el siguiente capítulo.


El final depende de en dónde dejes de contar la historia.

Hasta el siguiente capítulo.

Y éste capítulo cierra feliz. Gracias a Dios, como diría mi mamá. Gracias al esfuerzo, dedicación, huevos y hasta suerte, como diría yo. Y es que entiendo la vida como escribir un libro y como nunca he escrito uno, podemos deducir que no entiendo bien de qué se trata la vida. Y sí. O no. En fin. En ese libro que escribimos con el paso de los días y acontecimientos, nosotros somos los autores absolutos, y por lo tanto, decidimos el formato que va a tener el libro. A mí me gustan los capítulos, por eso mi vida la escribo así.

Hoy escribo sobre el último capítulo que decidí cerrar hace unos días, le llamo “Fin: por fin”. Y es que para los que prestan atención a las cosas que escribo sabrán que por fin terminé la carrera. Sí, "por fin". Después del seminario y un tormentoso reinicio. Después de muchas alegrías y lágrimas, de crudas y lunes, de inicios accidentados y finales amargos, amigos que no se van y los que sí, adioses con lluvias y mocos en pañuelos, asuntos terminados y contratos firmados. 

Fin.

¿Cómo termina el capítulo?

Con círculos cerrados, esos que quizá se debieron cerrar hace casi ocho años. Pero este final no es definitivo. Pocos finales lo son. Termino la carrera, termino un ciclo de estudiante; empiezan otros, y los que en éste capítulo no se cerraron, se cerrarán luego. Y ahí está la magia, nada se ha terminado, todo comienza.

Mi libro es un constante reinicio.


Nos vemos en el siguiente capítulo.