El final depende de en dónde
dejes de contar la historia.
Hasta el siguiente capítulo.
Y éste capítulo cierra
feliz. Gracias a Dios, como diría mi mamá. Gracias al esfuerzo, dedicación, huevos
y hasta suerte, como diría yo. Y es que entiendo la vida como escribir un libro
y como nunca he escrito uno, podemos deducir que no entiendo bien de qué se
trata la vida. Y sí. O no. En fin. En ese libro que escribimos con el paso de
los días y acontecimientos, nosotros somos los autores absolutos, y por lo
tanto, decidimos el formato que va a tener el libro. A mí me gustan los
capítulos, por eso mi vida la escribo así.
Hoy escribo sobre el último
capítulo que decidí cerrar hace unos días, le llamo “Fin: por fin”. Y es que
para los que prestan atención a las cosas que escribo sabrán que por fin terminé
la carrera. Sí, "por fin". Después del seminario y un tormentoso reinicio. Después de muchas alegrías y lágrimas, de crudas y lunes, de inicios accidentados y finales amargos, amigos que no se van y los que sí, adioses con lluvias y mocos en pañuelos, asuntos terminados y contratos firmados.
Fin.
¿Cómo termina el capítulo?
Con círculos cerrados, esos
que quizá se debieron cerrar hace casi ocho años. Pero este final no es
definitivo. Pocos finales lo son. Termino la carrera, termino un ciclo de
estudiante; empiezan otros, y los que en éste capítulo no se cerraron, se
cerrarán luego. Y ahí está la magia, nada se ha terminado, todo comienza.
Mi libro es un constante
reinicio.
Nos vemos en el siguiente capítulo.