jueves, 29 de marzo de 2012

De recuerdos.

Recuerdo cuando llegó, se bajó del avión, le tomé las manos y la besé. Hubieron risas, carcajadas, chistes locales, apodos y todas esas cosas que nos hacen sonreír y enamorarnos.Recorrimos todo lo recorrible, desde la ciudad hasta nuestros cuerpos. Hubo noches de pasión y frenesí; otras, solo hablábamos, como queriendo conocernos completos. Caminábamos tomados de la mano, que es la expresión externa de lo unidos que estamos y estaremos.

Recuerdo cuando yo llegué, bajé del avión, me rodeó con sus brazos y me besó. Seguimos riendo a carcajadas, chistes locales, apodos y todas esas cosas que nos hacen sonreír y enamorarnos. Visitamos sus bares, museos, cafeterías y casi cualquier lugar al que ella le agregara "favorito" después del nombre. También visitamos nuestros cuerpos; también nos desvelamos platicando, escuchando, conociendo y reconociendo.

Todo esto aún no ha pasado. Hoy son deseos, pero mañana serán recuerdos.

Para ti, Aidee.

viernes, 9 de marzo de 2012

De vecinas, goles y cambios.

"Figo con la pelota, manda un pase cruzado para Zidane, que recibe el balón como los dioses. Levanta la mirada se quita a un rival, hace un túnel y la toca para Ronaldo. Regatea con velocidad y filtra para Raúl González, retrasa para Zidane. Zidane le pega, ¡gol! ¡GOOOOOOOOOOOOOOOOL! ¡Impresionante, Zinedine Zidane! ¡GOOOOOOOOOOOOL!"
Así gritaba David. Él disfrutaba jugar futbol en el patio de su casa y comentar el partido al mismo tiempo. Tenía doce. A esa edad, uno le ve cara de portería a cualquier cosa: a las patas de las sillas del comedor, a un par de marcas en la pared del patio, a dos piedras en la calle... A cualquier cosa.
El estadio del patio de mi casa no era tan pequeño y mi portería estaba en la pared más alta. Sin embargo, del otro lado del terreno, el muro no es tan alto. 
Había ocasiones en las que Solari le pasaba el balón a Figo, y éste remataba con tal fuerza, que el balón salía por la pared baja del estadio.
Ese era un problema.
Doña Lety y don NuncaSupeSuNombre vivían en la casa de junto. A él nunca lo vi, a ella prefería no verla. Cada vez que una pelota salía del estadio de mi patio por la pared baja,  no volvería a servir para jugar futbol. Doña Lety los tomaba, les hacía un hueco y los tiraba de vuelta. Sí, les hacía un hueco. Por otro lado, don NuncaSupeSuNombre se limitaba a toser muy fuerte y a gritarle a su esposa.
Un día mi mamá me dijo que el señor falleció.
Otro día, mis amigos fueron a mi casa, pusimos unas piedras a la mitad de la calle para simular las porterías y comenzó uno de los partidos más difíciles de ese año. A mitad del partido salió doña Lety de su casa y se fue a comprar. Nuestro juego se interrumpió para que la señora pase. Después continuamos.  
Salieron algunas niñas a ver nuestro partido y una que otra mamá.
Estábamos tan concentrados en nuestro juego que no vimos que doña  Lety ya regresaba. 
Un pase errado y el balón rodó lentamente hacía los pies de mi vecina. Detuvo la pelota con el pie y, con un poco de torpeza, pateó hacia la portería. 
Gol.
¡Gol!
¡GOOOOOOOL!
Gritó. Después río mucho. Muchísimo. Nos dijo algo que nadie recuerda porque habíamos quedad atónitos por lo que acabábamos de ver.
Esa fue la primera vez que doña Lety se comportaba diferente. Se veía diferente. Sonreía.
Hoy, veinte años después, platica con todas las vecinas, con todos los que fuimos niños, con el que vende agua, con el que lleva el periódico, con el cartero...
En fin...
Yo ya dejé de jugar en el patio. Las patas de las sillas, son patas; las piedras en la calle, son piedras; las marcas en la pared, solo son marcas. 
Mi estadio ya no es tan grande como antes.
Ahora lo es para mi hermanito. Tiene doce.

viernes, 17 de febrero de 2012

Del árbol más alto del parque.

Estaba perdido.
Me levanté de mi silla favorita del jardín. Solo tenemos dos sillas, pero una es mi favorita. Pero eso no importa. Me levanté porque tenía ganas de fumar y no lo hago en mi casa porque no quiero que mi hermanito me vea haciéndolo. Siempre le digo que es malo fumar, que nunca lo haga.
Salí a caminar y me dirigí al parque de mi colonia. Desde lejos lo vi y recordé. Pero las memorias fueron remplazadas nuevamente por mis pensamientos.
Estaba perdido.
No sabía a dónde quería dirigir mi vida. No recordaba dónde había iniciado mi camino.
Llegué al árbol en el que alguna vez me subí hasta lo más alto. Lo hice cuando era un niño de 8 o 9 años. A esa edad somos indestructibles y lo sabemos, por eso no le tenemos miedo a nada.
Me senté una de las ramas, no en la más baja pero definitivamente no estaba alta.
A mi izquierda vi un niño, sentado junto a mí. Tenía la ropa sucia y las rodillas raspadas. Me sonrió.
A mi derecha, se sentó un hombre como de 40 años. También me sonrió.
Los dos personajes comenzaron a platicar entre ellos, como ignorándome. Me sentí incómodo por estar entre los dos. El pequeño platicaba de sus sueños, de sus deseos. Le dijo que quería ser futbolista y después narrar los partidos para un canal de televisión. El adulto platicaba sobre sus logros, de todas sus metas cumplidas y de sus nuevos objetivos.
Tenían tanto en común. Yo no tenía nada en común con ellos.
¡Entonces me di cuenta!
Ese niño era yo. Lo reconocí por sus sueños, que eran los míos.
Ese adulto era todo lo que yo quería hacer y lograr.
Me di cuenta de que había olvidado mis antiguos sueños y por eso perdí mi rumbo.
Cerré mis ojos y sonreí por la victoria. Cuando los abrí se habían ido.
Regresé a mi casa con una sonrisa en mi rostro, sabiendo a dónde iba.

martes, 14 de febrero de 2012

De Principitos.

Ya llevábamos tiempo platicando. Ya conocía algunas de sus cosas favoritas y ella las mías. Tenemos la costumbre de tener largas conversaciones hasta la madrugada.
Eran como las once de la noche.
Escuché la llamada entrar y su voz que me saludaba. No la dejé terminar, comencé a leer.
—"Cuando yo tenía seis años vi en un libro sobre la selva virgen que se titulaba "Historias vividas", una magnífica lámina. Representaba una serpiente boa que se tragaba a una fiera."
Solo podía escuchar sus "Aaww" y sus risas emocionadas. Me hice el fuerte, contuve mi emoción y seguí leyendo.
—"En el libro se afirmaba: "La serpiente boa se traga su presa entera, sin masticarla. Luego ya no puede moverse y duerme durante los seis meses que dura su digestión".
Reflexioné mucho en ese momento sobre las aventuras de la jungla y a mi vez logré trazar con un lápiz de colores mi primer dibujo. Mi dibujo número 1 era de esta manera: ..."
Era la parte de la boa que se había comido un elefante, dibujo que seguramente muchos de ustedes también confundieron con un sombrero. Vi el dibujo y me detuve. 
Intercambiamos 'mi amores', 'mi vidas' y 'te amos' y mucha emoción.
Lo hice porque estoy enamorado.
Le gustó porque está enamorada.

miércoles, 25 de enero de 2012

De festivales.

Como cada año, cuando se acercaba el 10 de mayo, día de las madres, en la escuela se preparaba el festival para las mamás. Yo estaba en kinder. Ahí conocí a Mauricio, ya les hablé de él, y a Daniela, una niña de cabello castaño y rizado, unos ojos verdes hermosos y una sonrisa encantadora. Ya muchos otros que no tienen nada que ver con esta historia. Mi maestra, una mujer joven fanática de las telenovelas, decidió que debíamos bailar el tema de la telenovela del momento: Agujetas de color de rosa.
Empezaron los ensayos y nos asignaron una pareja de baile. Por alguna extraña razón, éramos más niños que niñas, y los que no teníamos pareja bailábamos atrás de todos, para que no nos vean. Creo. La pareja de Daniela era muy torpe. Ella tampoco era muy hábil. Tenían que hacer un paso en el que él la tenía que pasar por debajo de su brazo, mientras ella daba una vuelta. Ella no sabía cómo, y él, de alguna forma se la ingeniaba para golpearla o tirarla. Los esfuerzos de la maestra fueron inútiles, el paso no salía.
Entonces vi mi oportunidad.
—Maestra, ¿puedo intentarlo?
Con un ademán me dijo que sí. Lo intentamos. Sí. Daniela y yo. Hizo el movimiento mejor que con su pareja anterior y la maestra decidió que se quedara así. Yo era su nueva pareja. 
El día del festival, ella estaba muy nerviosa. Recuerdo que le dije algo para tranquilizarla y no funcionó. Fue el turno de nuestro grupo y salimos a bailar, con algunas dificultades, ese movimiento maldito por fin salió. No fue perfecto, pero fue algo. 
Terminamos de bailar, salimos tomados de la mano, igual que todas las demás parejas. Antes de que me pudiera ir a reunir con mis amigos y a quejarnos de las vergüenzas que nos hacen pasar, me miró a los ojos, dijo algo que no escuché, y la di un beso. Un beso en los labios. Un beso de niños. Me miró, la miré, me sonrió y me devolvió el beso. Volvimos a sonreír y nos fuimos con nuestros amigos. 
Estuvimos juntos toda la primaria. Y cada año cuando se acercaba el festival, nos mirábamos deseando ser pareja. Y siempre, después del baile, la volteaba a ver, ella se apenaba, bajaba la mirada y sonreía.
Fuimos novios durante las vacaciones de verano, en sexto de primaria.